Un tema recurrente en la mayor parte de los medios especializados en música es el relacionado a la evolución de los grupos. En líneas generales, la mayor parte de las veces, tanto críticos como público suelen valorar positivamente a un grupo en relación a la capacidad de éste en adaptarse a nuevos sonidos, a no estancarse en sus planteamientos primigenios.
Por otra parte, también es cierto que siempre hay un puñado de fans que no reciben con agrado que su banda preferida abandone el sonido por el cual ellos se enamoraron de la misma y piden a gritos que se queden como están.
Un paralelismo evidente se puede extraer respecto a este tema en relación al sínodo que durante este fin de semana pasado se ha celebrado en El Vaticano. Así, reunidos todos los grandes fans de la vieja banda, Iglesia Católica, su frontman, Benedicto XVI logró el respaldo a su último disco: “La contrarreforma”.
El sonido del mismo se basa en los parámetros clásicos del grupo: negar la comunión a divorciados y cristianos no católicos, insistencia en el celibato y prohibición del acceso de la mujer al sacerdocio.
Un apoyo, por tanto, celebrado en sus numerosos clubs de seguidores, pero criticado por una gran parte de la población y de la crítica en general, cansadas ambas de tener que soportar unas directrices tan evidentes y conservadoras. ¿No se dan cuenta de que la música ha evolucionado mucho desde que ellos empezaron? Menos mal que ya abandonaron atrás las performances basadas en hogueras y potros de tortura.